En un Spleen - Chapter 1

Home » Writing » En un Spleen » Chapter 1

ūüé¨ Bogusred is ‚óŹ LIVE on video livestream! Get to know BogusRed and where PaperDemon is going next ūüé¨

En un Spleen

by hikarishiroki

Libraries: Drama, Male/Male - Shounen-Ai, Misc Anime and Manga, One Shots, Romance

Published on / 1 Chapter(s) / 0 Review(s)

Updated on

Written on spanish. NezumiShion. Oneshot. Shion y Nezumi concluyen que vivir dentro de un poema es algo terrible.

En un Spleen

Fandom: Number 6.

Calificaci√≥n: mayores de 14 a√Īos.

Género: yaoi, drama.

Declaración: el concepto y la idea original de Number 6 pertenecen a Atsuko Asano. El poema Spleen pertenece a Charles Baudelaire.

Rese√Īa: NezumiShion. Oneshot. Shion y Nezumi concluyen que vivir dentro de un poema es algo terrible.

Advertencias: casi todo est√° a salvo de curiosos sanos de coraz√≥n justo hasta el final. As√≠ que omitan los √ļltimos seis p√°rrafos aquellos de coraz√≥n sensible.

 

En un Spleen

 

La puerta abierta le trajo el olor de la tierra mojada, el musgo creciendo en la entrada del pasaje subterráneo y una brisa helada que corrió a través de su cuerpo tibio y lo hizo instintivamente adentrarse en el interior de su abrigada frazada.

 

Unos segundos después todo quedó en silencio una vez más y Nezumi asomó la cabeza de entre sus cobijas. El sofá a su lado estaba vacío, las mantas que había usado Shion la noche anterior estaban dobladas sobre él y la luz de la lámpara permanecía apagada.

 

El cuarto que compartían estaba siempre a oscuras gracias a encontrarse bajo tierra y solo contar con un ducto de ventilación en uno de los extremos de la habitación, del cual se colaba una insuficiente luz la mayor parte del día. Así es que estando dentro tenían que alumbrarse con una lámpara de aceite. Nezumi recordaba que Shion la había puesto frente a su cama la noche anterior, justo en la cabecera del sofá que este otro joven utilizaba para dormir al terminar el día. Le había dicho con su alegría natural que ambos podían leer de esa manera y Nezumi estuvo contento con la idea; todavía tenía que terminar de aprenderse dos poemas de Baudelaire antes de poder dar por terminada Las flores del mal y comenzar a leer Los paraísos artificiales.

 

La decisi√≥n de comenzar a leer todas las obras de aquel poeta hab√≠a venido despu√©s de leer un ensayo en una revista reciclada, que hab√≠a cogido su inter√©s una tarde en que se encontraba solo en casa y Shion a√ļn no terminaba su trabajo de ba√Īar perros con Inukashi. Se imaginaba que si no pod√≠a drogarse como era debido en la vida real ‚ÄĒla maldita droga era ahora un privilegio de ricos y poderosos, y los d√≠as en que su fabricaci√≥n para las masas eran un negocio viable hab√≠an quedado d√©cadas atr√°s‚ÄĒ, al menos podr√≠a leer de las experiencias del poeta para saber qu√© era de lo que se estaba perdiendo.

 

Por tanto, esa ma√Īana al despertar no era de extra√Īar que se hubiera puesto a ojear las √ļltimas l√≠neas que todav√≠a recordaba haber le√≠do. Estuvo un tiempo tratando de ahogar las voces en su cabeza sin √©xito hasta que lanz√≥ un gemido airado y se volvi√≥ a hundir en la cama; el libro todav√≠a abierto en la p√°gina en que se hab√≠a quedado, pero sin ser capaz de distinguir las palabras frente a sus ojos. Partes de la conversaci√≥n de la noche anterior comenzaron a llegar a su mente sigilosamente y atropellando sus ideas m√°s inmediatas con una fuerza imponente y su habitual terquedad. Era una tonter√≠a seguirse torturando con aquello, pero no hab√≠a estado haciendo otra cosa desde que se acostara la noche anterior; adem√°s ten√≠a miles de cosas que hacer, se repiti√≥ a s√≠ mismo tratando de convencer a su agobiada mente de darle un respiro.

 

Cosas m√°s importantes como aparecerse por el teatro en alg√ļn momento de ese d√≠a, su director no le hab√≠a visto la cara en dos d√≠as y la puesta en escena para la que siempre llegaba tarde a ensayar era al d√≠a siguiente; ten√≠a un papel insignificante en esta ocasi√≥n, pero al menos no era el de una mujer e incluso hab√≠a descubierto uno de los di√°logos m√°s geniales que hab√≠a tenido ocasi√≥n de leer alguna vez para un personaje tan peque√Īo; no cab√≠a duda de que Shakespeare siempre sal√≠a con inesperadas sorpresas para √©l y en su interacci√≥n teatral este lo retaba a interpretarse mejor cada vez.

 

Luego un retumbo y la peque√Īa y lejana voz de Shion, hablando casi a su o√≠do, repitiendo una pregunta que le hab√≠a parecido inoportuna en el momento en que se la hizo. ¬ŅC√≥mo empezar una conversaci√≥n como aquella de esa forma? Solo a un tipo como Shion se le ocurrir√≠a. Nezumi se mordi√≥ los labios y volvi√≥ a empujar aquella conocida y a√Īorada voz a lo m√°s rec√≥ndito de su mente.

 

También tenía que buscar la forma de que Inukashi le hiciera el trabajo de investigación en el Centro correccional sin que hiciera preguntas inoportunas o se enterara de sus verdaderas intenciones y sin que Shion se terminara enterando tampoco. Ambos asuntos de tal importancia que no le habían dejado el tiempo de pensar todavía en el teatro, el dinero que se acababa y el invierno que entraba en lo más crudo de su faceta. Buscar la forma de que Shion no descubriera nada, mantener las cosas como estaban… al menos hasta que acabara el invierno.

 

Pero su problema m√°s inmediato era desaparecer todo ese largo d√≠a para evitar tener que volver a tocar un tema como el de la noche anterior con Shion; podr√≠a decirse que esa era su prioridad n√ļmero uno en ese momento, si hab√≠a alguna.

 

Cuando el cielo bajo y gr√°vido pesa como una losa

sobre el gimiente espíritu presa de largos tedios,

y el horizonte abarcando todo el círculo

nos depara un día negro más triste que las noches;

 

‚ÄĒNezumi, ¬Ņalguna vez pensaste en tener una familia? ‚ÄĒle hab√≠a dicho esa noche.

 

Todo ese día, en particular, Shion había estado callado. Más callado de lo habitual en él y, por lo tanto, resaltando en su silencio como si le estuviera inundando las orejas con sus miles de preguntas como era más habitual. Cuando Nezumi volvía su rostro intrigado hacia él, lo podía encontrar leyendo un libro pesado y viejo en sus costados, que su anterior lector había olvidado de qué trataba ya, o mirando hacia el infinito, envuelto en sus propios pensamientos; los que, por su rostro, no debían ser los más agradables.

 

El otro joven se imaginaba que despu√©s de tanta meditaci√≥n, su compa√Īero de vivienda terminar√≠a por soltarle lo que ten√≠a en la cabeza en alg√ļn momento, sus expresiones ling√ľ√≠sticas atrofiadas tratando de llevarlo hacia un punto que Nezumi no entender√≠a, o de hacerlo, se rehusar√≠a a comprender.

 

Era un camino tantas veces transitado por ambos que estaba casi seguro de cómo terminarían las cosas, así como se imaginaba que Shion lo presumía también. Pero para la llegada de esa noche, ya metidos en sus cobijas y terminando cada uno sus lecturas del día, Nezumi realmente no se esperaba una pregunta como la que le llegó a través del silbido del viento afuera y el silencio rodeándolos en la abrigada habitación.

 

‚ÄĒNo especialmente ‚ÄĒle respondi√≥ al cabo, volviendo a leer el √ļltimo verso que acababa de recolectar en su mente para aprisionarlo en ella y tratando de no pensar demasiado en lo que significaba una pregunta como aquella en ese momento‚ÄĒ. En realidad no pienso en nada que no tenga m√°s de veinticuatro horas de lejan√≠a con mi tiempo actual.

 

Shion guardó silencio una vez más y cuando Nezumi le volvió a lanzar una mirada de reojo lo volvió a encontrar sumido en sus reflexiones, las piernas flexionadas con sus rodillas casi tocando su pecho y su cabeza apoyada sobre ellas, el libro abierto y olvidado entre sus delgados dedos. Se imaginó que volvería al ataque eventualmente con su interrogación y que entonces se enteraría de lo que traía en mente realmente, pero mientras tanto volvió a repasar su propio libro.

 

Cuando la tierra se ha convertido en un h√ļmedo calabozo,

donde la Esperanza, como un murciélago,

se va dando golpes contra las paredes con sus tímidas alas

y chocando la cabeza con los techos podridos;

 

La siguiente interrupci√≥n de Shion lleg√≥ al terminar de leer este √ļltimo p√°rrafo, Nezumi todav√≠a estaba batallando para que el primer verso se quedara en su memoria, as√≠ que se tard√≥ todav√≠a un poco m√°s en asimilar lo que hab√≠a dicho el otro joven.

 

‚ÄĒCreo que estoy listo para tener una familia.

 

Shion miraba al otro muchacho con acentuada fijeza y tratando de prepararse para analizar sus siguientes reacciones o su consecuente respuesta; la poca o nula reacci√≥n ante sus palabras lo dejaron abatido, y cuando finalmente tuvo sus ojos sobre los suyos un peque√Īo temblor comenz√≥ a deslizarse sobre su espalda y a recorrerla con celeridad.

 

Nezumi no le respondi√≥ en esa ocasi√≥n, seguro de ad√≥nde se dirig√≠a esa conversaci√≥n con esa √ļltima frase y sin grandes ganas de seguirle el juego, solo le lanz√≥ una de sus sonrisas condescendientes habituales y prontamente volvi√≥ su espalda a la luz y a √©l, anunciando que era hora de dormir y que apagara la luz si no iba a seguir leyendo. Shion se hab√≠a puesto de pie como consecuencia y anduvo hasta llegar a un extremo de la cama de Nezumi, una pared invisible impidi√©ndole acercarse m√°s y tocar uno de sus hombros, su cabello suelto sobre la almohada o su espalda, que deb√≠a estar tan c√°lida como la recordaba de cuando ten√≠an diez a√Īos.

 

Era mucho lo que deb√≠a estar pidiendo del otro hombre, un ser no acostumbrado a dar nada a otros o permitir a alguien acerc√°rsele demasiado, declarando algo tan corto y tan significativo. Una familia pod√≠an ser dos personas lo mismo que un mill√≥n, Nezumi no hab√≠a tenido una desde que era demasiado peque√Īo como para entender lo que ten√≠a, y ahora era demasiado adulto como para a√Īorarla, o siquiera pensar que necesitaba una. En su interior, Shion siempre hab√≠a temido que compartir unas horas en su compa√Ī√≠a era lo m√°ximo a lo que podr√≠a aspirar de ah√≠ en adelante y le aterraba la idea de confirmarlo.

 

Quer√≠a tanto m√°s que no pod√≠a soportar la idea de no albergar tontas esperanzas sobre su futuro. Nezumi ni siquiera pensaba en √©l, o al menos no admit√≠a un futuro con Shion como algo probable. Estaban viviendo un tiempo prestado y eso lo enloquec√≠a, lo preocupaba y lo hac√≠a suspirar a deshoras, como en aquel momento, sin la posibilidad de hallar consuelo en ning√ļn lado.

 

‚ÄĒShion ‚ÄĒllam√≥ Nezumi desde la cama como una reprimenda, sin moverse, sin darle la cara una vez m√°s.

 

Sus labios se acercaron un poco más de lo adecuado a la llama de la lámpara cuando sopló para apagarla. La habitación quedó en tinieblas y Shion se metió entre sus propias frazadas, tratando de convencerse que el día siguiente sería uno mejor.

 

Cuando la lluvia esparciendo sus inmensos regueros

imita los barrotes de una vasta prisión

y un pueblo mudo de infames ara√Īas

viene a tender sus trampas en el fondo de nuestros cerebros,

 

La luz de la l√°mpara era poca pero la claridad de la primera luz de la ma√Īana lo ayudaba a hacerse una leve idea de lo que iba leyendo nuevamente. Las mantas puestas sobre sus hombros le daban el calor suficiente para terminar de despertar y comenzar a preguntarse cosas mundanas otra vez; como la hora que era o hacia d√≥nde hab√≠a salido Shion tan temprano.

 

Volvió a repasar las líneas una vez más cuando se dio cuenta que no les había prestado la debida atención y que seguramente no recordaría una sola cuando quisiera repetirse el poema en una siguiente ocasión.

 

Los poemas eran para la mayor√≠a de personas una fuente de admiraci√≥n y aclamaci√≥n hacia el ingenio del poeta que los hab√≠a compuesto, quiz√° nunca entendieran lo que significaban en realidad, quiz√° cada quien apreciara su construcci√≥n de distinta forma y los catalogaran seg√ļn esta apreciaci√≥n arbitraria como buenos o malos, pero para Nezumi un poema aprendido siempre ser√≠a un compa√Īero con quien conversar. Ya solo un poema en su cabeza para dialogar con √©l toda la eternidad hubiera sido suficiente para hacerlo sobrellevar la soledad habitual en la que se hab√≠a sumido durante toda su vida, pero √©l hab√≠a coleccionado m√°s de cien en su memoria. Shion hab√≠a pensado al enterarse, como el resto, que era algo admirable, pero Nezumi no pod√≠a atreverse a desenga√Īarlo sobre ello todav√≠a. Decirle que solo quer√≠a llenar esas horas en silencio cuando estaba solo con di√°logos que respond√≠an a sus propias inquietudes, re√≠an con sus bromas y lo acompa√Īaban en su empecinada soledad era algo que ni siquiera √©l se admit√≠a por completo a s√≠ mismo.

 

La puerta de la atestada habitaci√≥n se abri√≥ en ese momento. Shion apareci√≥ cargando una l√°mpara con una luz mucho m√°s fuerte que la que ten√≠a Nezumi en frente, el rostro p√°lido y las mejillas sonrojadas, lanzando peque√Īos c√ļmulos de aire blanco con cada bocanada de aire que exhalaba.

 

‚ÄĒNev√≥ toda la noche ‚ÄĒle inform√≥ volviendo a meterse dentro de la habitaci√≥n caliente y cerrando la puerta tras √©l, sin olvidarse de poner el seguro como le hab√≠a estado recordando siempre Nezumi en las primeras semanas de su convivencia‚ÄĒ, todo el patio est√° cubierto y todav√≠a est√°n cayendo unos copos muy finos.

 

‚ÄĒBienvenida navidad ‚ÄĒexclam√≥ Nezumi sarc√°sticamente mientras ve√≠a c√≥mo Shion dejaba su l√°mpara sobre la mesa frente a su sill√≥n y tomaba una de las mantas dobladas que hab√≠a dejado ah√≠ temprano para pas√°rsela sobre sus hombros‚ÄĒ. ¬ŅEst√°s bien? No has parado de temblar.

 

‚ÄĒCreo que hac√≠a demasiado fr√≠o para tomar un ba√Īo‚Ķ ‚ÄĒle insinu√≥ el otro muchacho mientras se hund√≠a mucho m√°s adentro de su sill√≥n. Sus manos se hab√≠an puesto azules en el exterior y solo ahora se atrev√≠a a frotarlas unas contra otras para tratar de calentarlas otra vez.

 

Nezumi quer√≠a gritarle que estaba loco por salir a darse un ba√Īo bajo esa temperatura, pero decidi√≥, despu√©s de darle una larga ojeada contemplativa, que lo m√°s importante en ese momento era atender al pobre orate antes que muriera congelado o pescara una neumon√≠a que lo dejara en cama por las siguientes semanas.

 

‚ÄĒEres un idiota ‚ÄĒle dijo mientras le extend√≠a la mano y abr√≠a sus propias cobijas para recibirlo.

 

Shion no lo pens√≥ m√°s que por un segundo antes de aceptar su mano e introducir todo su cuerpo entre los brazos abrigados de Nezumi. El cuerpo caliente de su compa√Īero tembl√≥ un poco al recibirlo y un siseo que fue ahogado inmediatamente se pudo escuchar saliendo de sus labios.

 

‚ÄĒTendremos que pensar en otra forma para asearnos ‚ÄĒle inform√≥ con una sonrisa el joven con cabello blanco, ya a gusto desde el pecho de Nezumi‚ÄĒ, al menos mientras dure el invierno.

 

‚ÄĒTu cabello est√° congelado ‚ÄĒle dijo en cambio el interpelado, mientras pasaba ambos manos sobre su cabellera y la revolv√≠a de un lado al otro‚ÄĒ, ¬Ņno te lo secaste antes de salir de la ducha?

 

‚ÄĒLo hice, pero no mucho ‚ÄĒadmiti√≥ Shion volviendo a hundir su cabeza sobre el pecho de Nezumi‚ÄĒ, me mor√≠a de fr√≠o y quer√≠a regresar cuanto antes.

 

‚ÄĒIdiota ‚ÄĒvolvi√≥ a exclamar Nezumi antes de dejar en paz su cabello y pasar ambas manos sobre el cuerpo fr√≠o de su compa√Īero, frotando sus hombros y cintura de forma algo torpe mientras trataba de hacerlo entrar en calor‚ÄĒ, la pr√≥xima vez que est√©s pensando en morir congelado no olvides qui√©n es el que pasa por tantos apuros para volverte a calentar.

 

Shion dej√≥ de moverse al escuchar esto √ļltimo, seguramente Nezumi no hab√≠a tenido la intenci√≥n de hacer una declaraci√≥n como aquella, especialmente no despu√©s de la conclusi√≥n tan brusca de la conversaci√≥n de la noche anterior, pero hab√≠a sido algo tan natural escucharla como le parec√≠a que hab√≠a sido natural para Nezumi decirla. ¬ŅPor qu√© ser√≠a que el otro hombre era tan torpe que no pod√≠a darse cuenta de todas las esperanzas que se formaban en su interior al escucharlo hablar de forma tan descuidada?

 

‚ÄĒ‚ÄúLa pr√≥xima vez‚Ķ‚ÄĚ ‚ÄĒdijo m√°s para s√≠ mismo que para su estoico salvador. Ten√≠a claro que sacarle en cara el hablar de un futuro en el que Nezumi lo volver√≠a a calentar cuando Shion casi estuviera congelado era hacer planes a m√°s de un d√≠a de distancia, y solo lo har√≠a rehuirlo, como siempre, as√≠ que opt√≥ por desviar la conversaci√≥n a algo m√°s inmediato y tratar de hacer sobrevivir su refugio contra el fr√≠o dentro de los brazos del otro hombre lo m√°s que pudiera‚ÄĒ ¬ŅQu√© est√°s leyendo?

 

Nezumi todavía tenía el libro abierto en la página que contenía el poema que estaba estudiando. Uno de sus dedos separando dicha hoja mientras los otros lo cogían de los extremos. Al ser interpelado por él, lo levantó una vez más ante la vista de ambos y lo abrió con delicadeza.

 

‚ÄĒLas flores del mal ‚ÄĒle respondi√≥ cambiando de humor y volviendo enseguida a preguntar‚ÄĒ, ¬Ņsabes de qui√©n es?

 

‚ÄĒBaudelaire ‚ÄĒle respondi√≥ Shion en el acto. Hab√≠a estado leyendo libro tras libro desde que llegara a vivir con Nezumi; en cierta parte por verg√ľenza al haber sido su punto de burla en cuanto se dio cuenta que era tan ignorante sobre la literatura como un ni√Īo de primaria, y por otra parte por curiosidad. Nezumi guardaba una enorme fila laber√≠ntica de libros tras libros en su peque√Īo cuarto. Shion hab√≠a perdido la cuenta de todas las horas que hab√≠a pasado sumergido entre sus p√°ginas cuando estaba de vuelta de su trabajo y esperaba por Nezumi en aquella habitaci√≥n que se hab√≠a convertido en su nuevo hogar desde hac√≠a unos meses.

 

‚ÄĒEs bueno saber que no solo te pasas haya atr√°s desempolvando libros ‚ÄĒle dijo Nezumi con un dejo de risa en sus palabras. Shion volvi√≥ a mirarlo a sus ojos y una vez m√°s se sinti√≥ sobrecogido por un temblor recorriendo su espalda al notar la expresividad que de pronto se hab√≠an apoderado de aquellos ojos oscuros‚ÄĒ ‚ÄúUnas campanas comienzan de pronto a tocar furiosamente‚Ķ‚ÄĚ ‚ÄĒrecit√≥ Nezumi adoptando una voz modulada para susurrar y levantar el tono al final del verso.

 

‚ÄĒ‚Äú‚Ķ y lanzan al cielo un aullido espantoso‚ÄĚ.

 

Su pecho comenzó a moverse con mayor rapidez y las manos de Shion se aferraron a los pliegues de su camisa como para mantenerlo en su lugar, como para no permitir que Nezumi lo alejara de su calor.

 

‚ÄĒ‚Äú‚Ķ como los esp√≠ritus errantes y sin patria‚ÄĚ.

 

El declamador volvió a calmar su respiración, pero sus latidos fuertes y rápidos todavía llegaban muy audiblemente al oído de Shion, con la cabeza depositada tan cerca a su corazón.

 

‚ÄĒ‚Äú‚Ķ que se ponen a gemir con porf√≠a.‚ÄĚ

 

Finalmente el silencio se asentaba nuevamente entre ellos, Nezumi todav√≠a murmuraba con los labios cerrados, sus ojos nuevamente clavados en el libro ante ellos y olvidando un poco al joven vulnerable y extra√Īo entre sus brazos.

 

El fr√≠o hab√≠a ido desapareciendo paulatinamente mientras Nezumi segu√≠a leyendo, pero ahora hab√≠a sido reemplazado por un temor desconocido, que se alojaba en el interior del cerebro de Shion como una lenta y certera ara√Īa tejiendo su telara√Īa e inundando sus pensamientos con t√©tricos presagios.

 

‚ÄĒ¬ŅNo crees que vivir en una poes√≠a ser√≠a algo terrible? ‚ÄĒle pregunt√≥ Shion despu√©s de pensar largo en aquella posibilidad, sus brazos fuertemente aprisionados sobre el dorso de Nezumi y su rostro vuelto al libro, terminando de releer todos los versos del poema.

 

‚ÄĒLo creo ‚ÄĒle respondi√≥ Nezumi sin mayor contemplaci√≥n y tornando sus ojos hacia el cabello blanco de Shion, ya que no pod√≠a verlo a los ojos en esa posici√≥n‚ÄĒ, pero ¬Ņpor qu√© lo crees t√ļ?

 

‚ÄĒNo lo s√© ‚ÄĒShion se encogi√≥ de hombros y apart√≥ un poco el cabello que ca√≠a sobre su frente, mientras daba una mirada en derredor. La habitaci√≥n oscura en sus extremos ocultaba formas extra√Īas entre las sombras, tal vez acech√°ndolos; percibi√≥ los brazos de Nezumi todav√≠a rode√°ndolo y sus propias manos aprision√°ndolo en aquel lugar; el mundo parec√≠a estar en un sitio por dem√°s conocido para √©l en ese momento y se supo repentinamente a salvo‚ÄĒ. Tal vez porque nos encontrar√≠amos en un lugar lleno de sentimientos ‚ÄĒsusurr√≥ casi con temor de ser escuchado, pero demasiado convencido de que su interlocutor no perder√≠a una palabra de lo que dec√≠a‚ÄĒ y al que muy pocas personas ser√≠an capaces de llegar, y muy pronto estar√≠amos deseando que apareciera alguien m√°s que pudiera entendernos, pero estar√≠amos tan apartados del resto que cumplir ese simple deseo se mantendr√≠a por siempre como una ilusi√≥n.

 

Estaba hablando de lo que entendía en un poema, se dijo Shion para convencerse a sí mismo también, tratando de darle a sus palabras la suficiente lejanía de sus sentimientos interiores como para no hacer sentir a Nezumi incómodo.

 

Hacer sentir a alguien incómodo por la mera declaración del afecto hacia esa persona era algo tan nuevo todavía para Shion, como el tener que andarse con cuidado con sus palabras para evitar que esa misma persona lo repeliera. No soy yo, se repetía con frecuencia en su mente, pero cada vez se convencía más y más de lo contrario.

 

‚ÄĒRecuerdo haber le√≠do sobre un poeta que vivi√≥ de esa forma ‚ÄĒcomenz√≥ a narrarle Nezumi despu√©s de terminar de contemplar su respuesta, el libro finalmente se cerr√≥ en aquella p√°gina le√≠da tantas veces y Shion sinti√≥ con mayor claridad los brazos depositados a su alrededor‚ÄĒ; su poes√≠a era su vida d√≠a a d√≠a, sus desgracias, sus inquietudes y sus ideales. Jam√°s vivi√≥ bien o fue feliz, tuvo una esposa pero nunca supo lo que era estar acompa√Īado. Finalmente muri√≥ y nos dej√≥ una enorme colecci√≥n de versos que pueden o no significar gran cosa para el lector, pero de los que siempre se saca en claro que tuvieron a alguien viviendo dentro de ellos.

 

Shion no pudo evitar un estremecimiento que lo hizo temblar al reflexionar sobre las palabras de Nezumi, el otro joven lo notó y sus brazos volvieron a apretarlo con más fuerza sobre su pecho, quizá con un poco más de fuerza que la adecuada, pero ninguno de los dos comentó al respecto.

 

‚ÄĒPobre de su esposa ‚ÄĒexclam√≥ de pronto Shion sin moverse todav√≠a y evitando la mirada curiosa de Nezumi que pod√≠a sentir sobre su cabeza‚ÄĒ. Amar a alguien sin que esta persona pueda sentirse acompa√Īado del todo cuando est√° contigo‚Ķ debe ser la forma m√°s cruel de amar a alguien.

 

Nezumi guard√≥ silencio por tanto tiempo que Shion levant√≥ finalmente la mirada. Pensaba darle una ojeada, pero en cuanto not√≥ los ojos de Nezumi clavados en √©l no pudo apartar los ojos ni pensar en algo m√°s que decir para evitar una conversaci√≥n que sabr√≠a que se volver√≠a dolorosa en alg√ļn momento.

 

‚ÄĒNunca tuvo amantes y sus √ļltimas palabras fueron el nombre de su esposa ‚ÄĒle asegur√≥ una vez que tuvo la atenci√≥n de Shion puesta sobre √©l, casi le sonaba a una excusa a sus propios o√≠dos, pero no entend√≠a por qu√© se la estaba dando‚ÄĒ, no podr√≠a decirse que no la quiso.

 

‚ÄĒNo podr√≠a, no ‚ÄĒrepiti√≥ Shion y sinti√≥ un escozor comenzando a hacerle cerrar los ojos, pero luch√≥ por mantenerlos abiertos de todas formas‚ÄĒ. No niego su amor, solo reniego de la forma en que fue dado ‚ÄĒle dijo notando que Nezumi no hab√≠a quedado satisfecho con esta respuesta‚ÄĒ. Dar cari√Īo de a pedazos, siempre esperando m√°s sin saber si es todo producto de nuestra imaginaci√≥n o si en verdad est√° ah√≠. Permanecer tercamente con esa persona solamente esperando estas peque√Īas porciones que no pueden nunca satisfacer‚Ķ ‚ÄĒlos ojos de Shion volvieron a cerrarse y esta vez decidi√≥ que lo mejor ser√≠a dejarlos as√≠, apretarse contra el cuerpo cubri√©ndolo y tratar de robarle un poco m√°s de tiempo a esa cercan√≠a y calor que sab√≠a que no durar√≠an mucho m√°s‚ÄĒ Aprender a vivir con ello, reconciliarse con la idea de que es suficiente, que es lo √ļnico que obtendr√°s en la vida que te ha tocado vivir con esa persona.

 

‚ÄĒNo tiene por qu√© ser as√≠‚Ķ ‚ÄĒcomenz√≥ a decir Nezumi tratando de apartar a Shion y enfrentarlo cara a cara sin √©xito. Los brazos del otro hombre aferr√°ndose con m√°s fuerza a √©l.

 

‚ÄĒTiene que serlo. Porque jam√°s se puede abandonar eso que se ama con tanta fuerza ‚ÄĒle reclam√≥ Shion sin abrir los ojos, encerr√°ndose en ese refugio que hab√≠a armado entre sus brazos como si fuera a ser la √ļltima vez que pudiera estar con √©l de esa forma‚ÄĒ. Abandonar un amor as√≠ no es una opci√≥n. ¬°Tiene que ser suficiente!

 

Pensar tanto en otra persona que el simple hecho de estar a su lado, sin estar seguro nunca de si sus sentimientos ser√≠an correspondidos o no, era algo con lo que se conformar√≠an pocas personas. Pero Shion era una de ellas y Nezumi no pod√≠a soportar la idea de que alguien le hiciera algo semejante a un ser como √©l. ¬ŅDe qu√© hab√≠a estado temeroso por tanto tiempo? Se preguntaba con aprensi√≥n ahora y recordaba que quien le hab√≠a hecho aprender a creer en las personas una vez m√°s hab√≠a sido el mismo ser que ten√≠a apabullado por sus pesares entre sus brazos.

 

No había sido capaz de darle el consuelo que necesitaba anteriormente, pero cómo deseaba poder hacerlo en ese momento. Sin vacilar por precauciones o conflictos propios, tan solo actuar.

 

‚ÄĒYo lo creo tambi√©n, ¬Ņrecuerdas? ‚ÄĒsu tono era apenas un poco m√°s calmado que el que Shion hab√≠a estado usando hasta ese momento, por lo que este contuvo el aliento hasta escuchar sus pr√≥ximas palabras‚ÄĒ Una vida dentro de la poes√≠a es terrible, como t√ļ dijiste. No es una opci√≥n de vida que yo tomar√≠a ‚ÄĒtal emoci√≥n en su voz lo reconfort√≥ en cierta grado, pero no pudo lograr que el miedo que se hab√≠a abrigado en su interior se disipara, tem√≠a incluso abrir los ojos ahora.

 

‚ÄĒNezumi ‚ÄĒexclam√≥ al percatarse que la voz de este hab√≠a llegado de alg√ļn lugar pr√≥ximo a su o√≠do, pero como no escuch√≥ respuesta finalmente se aventur√≥ a abrir los ojos que encontr√≥ de pronto mirando de lleno sus ojos oscuros, su mano sobre su quijada gui√°ndolo y su respiraci√≥n tan cerca a la suya que casi secaba sus l√°grimas, finalmente desbord√°ndose libres por sus mejillas.

 

‚ÄĒEse poeta jam√°s tuvo a alguien que le abriera una ventana para dejarlo entrar cuando estaba a punto de morir ‚ÄĒle susurr√≥ antes de depositar uno de sus pac√≠ficos besos sobre sus labios.

 

Shion sintió que algo muy cálido se posaba en su interior, reemplazando el frío de la nieve cayendo en el exterior, sus propios miedos y preocupaciones, y brindándole algo muy parecido a la esperanza.

 

‚ÄĒShion ‚ÄĒvolvi√≥ a murmurar mientras se apartaba despu√©s de un momento y volv√≠a a contemplar la extraordinaria faz del joven casi inm√≥vil en sus brazos. All√≠, sentados sobre la cama y con la luz de la ma√Īana comenzando a desbordarse hacia adentro, le pareci√≥ que se encontraban a salvo, casi de todo. Que se pod√≠an prometer cualquier cosa y mantenerla de ah√≠ en adelante.

 

‚ÄĒTengo fr√≠o ‚ÄĒle dijo de pronto, enterr√°ndose otra vez en su pecho y frotando un poco su cabeza contra su coraz√≥n, aunque su cuerpo estaba c√°lido y hab√≠a dejado de temblar hac√≠a un buen tiempo‚ÄĒ, he estado mucho tiempo bajo la nieve ‚ÄĒtanto tiempo incierto vagando a su alrededor.

 

Nezumi se inclinó sobre su cuerpo y puso ambas manos sobre sus hombros, guiándolo hasta que su espalda se posó sobre la cama, para seguidamente descubrir un poco sus cobijas y acomodarlos a ambos bajo ellas. El cuerpo de Shion era mantenido fijo en ese lugar con su propio peso y sus labios repartían besos más apasionados y certeros que el anterior en sus labios y en el interior de su boca, mientras sus manos seguían acariciando y abrazando el cuerpo bajo él. Al escuchar el primer gemido se apartó un poco antes de dedicarle la mejor de sus sonrisas y observar el rostro encarnado y cálido que tenía ahora gracias a las caricias que le había estado administrando.

 

‚ÄĒ¬ŅMejor?

 

Shion apartó la mirada y volvió a sonrojarse, de ser posible, con mayor intensidad. Nezumi volvió a pensar que el color rojo encima de esa piel tan blanca era un contraste bastante agradable a la vista.

 

‚ÄĒTodav√≠a‚Ķ estoy‚Ķ ‚ÄĒllegaron sus gemidos cuando Nezumi volvi√≥ a reanudar sus actividades previas.

 

‚ÄĒEst√° bien ‚ÄĒrespondi√≥ hundi√©ndose en su est√≥mago y siguiendo con direcci√≥n al sur, sus manos explorando y encontrando ‚ÄĒ, entrar√°s en calor muy pronto ‚ÄĒle asegur√≥ desde alg√ļn lugar que Shion no pod√≠a ver a trav√©s de todas las frazadas envolvi√©ndolos.

 

Sus gemidos ahogados pronto se convirtieron en jadeos bastante audibles, luego en confesiones bastante embarazosas de recordar unas horas después y al final en declaraciones enérgicas de su amor hacia él. Shion se hubiera echado a llorar al recordarlas después, si no fuera porque su llanto llegó antes, cuando Nezumi contestara a una de ellas positivamente y se la devolviera para seguidamente hundirse en su cuerpo con la convicción de que era suyo, la primera cosa terrenal ajena a sí mismo que no se atrevería a abandonar por nada del mundo.

 

Fin

Post your thoughts

Commenting is disabled for guests. Please login to post a comment.